En la reciente cumbre del Mercosur, Luiz Inácio Lula da Silva cuestionó indirectamente la influencia extranjera en América del Sur, al afirmar que “nadie es dueño de América del Sur”, una idea que vinculó con su discurso previo en la cumbre del G7, donde había asegurado que “nadie es dueño del mundo”. Estas declaraciones respondieron a recientes expresiones de un líder estadounidense que generaron rechazo entre varios mandatarios de la región.

Durante su intervención, Lula defendió con énfasis la integración regional y subrayó la necesidad de que el Mercosur funcione más allá de las ideologías o preferencias de cada gobierno. Reclamó que el bloque no puede depender de la presidencia de turno, pues de lo contrario carecerá de fortaleza y vitalidad económica.

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El presidente brasileño también confirmó su intención de presentarse nuevamente a las elecciones para garantizar la continuidad democrática de Brasil. En este marco, reconoció los esfuerzos por sembrar dudas sobre los procesos electorales en Sudamérica, pero resaltó que la voluntad popular y las reglas democráticas prevalecen. Aludió al intento de golpe de Estado que sufrió poco después de asumir su mandato, como ejemplo de los desafíos que enfrenta la región.

Lula llamó a fortalecer la protección de los sectores más vulnerables dentro del Mercosur, incluyendo pueblos indígenas, afrodescendientes, niños, adultos mayores, personas con discapacidad y la comunidad LGBT. Propuso además la creación de un pacto regional para erradicar la violencia contra las mujeres.

En la cumbre también participaron otros presidentes sudamericanos, entre ellos los de Paraguay, Uruguay, Chile y Ecuador. Lula valoró el diálogo como herramienta esencial para mantener la paz social, felicitando expresamente al líder boliviano Rodrigo Paz por su rol en este sentido. Además, recordó los 35 años de existencia del Mercosur, que surgió como una respuesta al pasado autoritario de la región, e instó a consolidar las instituciones del bloque antes de concluir su mandato.

Finalmente, el presidente brasileño advirtió que el crimen organizado representa uno de los principales retos para la seguridad en América del Sur y reafirmó la necesidad de una cooperación regional sólida para afrontarlo.