El hallazgo del pecio de la Hōfuku Maru a 50 metros de profundidad frente a la isla de Luzón pone al descubierto una de las mayores tragedias marítimas de la Segunda Guerra Mundial. Este barco japonés, hundido en 1944, llevaba encerrados a cientos de soldados británicos y holandeses, quienes murieron atrapados en sus bodegas tras un ataque aliado que ignoraba la presencia de prisioneros en su interior.
La nave se partió en dos y se hundió en menos de tres minutos, arrastrando a cientos de prisioneros al fondo del mar. Este suceso forma parte de la historia de las llamadas «hell ships» o «naves del infierno», utilizadas por el Imperio japonés para trasladar a prisioneros de guerra entre campos laborales en el Sudeste Asiático. Las condiciones a bordo eran infrahumanas: hacinamiento extremo, falta de agua potable, ausencia de ventilación y escaso espacio para moverse durante viajes que podían durar semanas.
Históricamente, se calcula que unas 130 embarcaciones de este tipo transportaron alrededor de 125.000 prisioneros aliados durante el conflicto, con una cifra aproximada de 20.000 fallecidos por enfermedades, inanición, condiciones térmicas extremas y ataques aliados cometidos sin conocer la presencia de sus propios soldados a bordo. La Hōfuku Maru fue una víctima más de esta falta de información, hundida por un torpedo aliado que mató a más de mil cautivos.
Este descubrimiento invita a recordar las duras condiciones y la tragedia que sufrieron miles de prisioneros de guerra. La localización del barco fue posible gracias a un equipo de investigadores que aplicó tecnología de fotogrametría submarina para identificar la estructura y ubicación exacta del pecio, aún intacto tras 80 años bajo el agua.