Durante la Feria Mundial de Nueva York de 1940, General Motors mostró al público un ejemplar revolucionario: un automóvil Pontiac completamente transparente, realizado con un material hasta entonces poco convencional llamado plexiglás. Este vehículo, construido sobre la base del Pontiac Sedan Touring de cuatro puertas, marcó un hito al ser el primer coche a escala real fabricado íntegramente con plástico transparente.
Para la elaboración de esta pieza innovadora, la empresa química Rohm & Haas colaboró en el desarrollo del plexiglás, un material resistente y ligero que además tuvo un rol importante en la Segunda Guerra Mundial al proteger la cabina de los aviones militares. En el Pontiac Plexiglas, la chapa metálica exterior fue reemplazada por este plástico, mientras que la parte inferior del chasis recibió un baño de cobre y el tablero se cubrió con una capa cromada. Los detalles, como las molduras y los neumáticos, fueron terminados en blanco para resaltar la transparencia y elegancia del diseño.
El costo de producción fue elevado: 25.000 dólares en ese momento, equivalentes a cerca de medio millón en moneda actual. General Motors presentó el auto con la intención de mostrar la rigidez del refuerzo interior y las funcionalidades originales, como ventanas corredizas y puertas operativas, todo sin el aislamiento térmico habitual. Por esta razón, aunque la carrocería era una proeza tecnológica, el vehículo no pudo ser producido en serie debido al intenso calor interno generado por el motor.
El Pontiac Plexiglas, rápidamente bautizado por la prensa como “The Ghost Car” (el coche fantasma), recorrió concesionarios de la costa este de Estados Unidos tras la exposición. Su éxito impulsó la creación de una segunda unidad basada en el Pontiac Torpedo, exhibida en la Golden Gate Exposition cercana a San Francisco, aunque esta segunda versión fue destruida años después.
El modelo original se exhibió en el Smithsonian Institution de Washington hasta el final del conflicto mundial y continuó bajo propiedad de General Motors hasta 1973. En ese año, fue adquirido por el empresario Don Barlup, quien realizó una restauración parcial. Posteriormente, fue vendido a un coleccionista privado, cuyos descendientes conservaron el vehículo hasta 2012. Hoy, este Pontiac transparente representa no solo una curiosidad tecnológica, sino también una pieza valiosa de la historia del diseño automotor.

