Florence Nightingale es reconocida como la fundadora de la enfermería moderna y su nacimiento el 12 de mayo de 1820 motiva la celebración mundial de esta profesión. Su trabajo durante la guerra de Crimea marcó un antes y un después en la atención a soldados heridos, al introducir prácticas higiénicas que contribuyeron a reducir drásticamente las muertes por enfermedades infecciosas.

El apodo “La dama de la lámpara” se originó por su costumbre de recorrer hospitales durante la noche con una lámpara de aceite, vigilando a los heridos en completa oscuridad para ofrecerles cuidado y consuelo. Nightingale provenía de una familia adinerada y rechazó las expectativas sociales de casamiento para seguir lo que consideraba una “llamada divina” hacia la atención sanitaria, trabajo que en su momento no contaba con el reconocimiento necesario.

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Además de enfermera, Nightingale destacó como estadista y matemática. Su creación del conocido “diagrama de la rosa” evidenció que la mayoría de las muertes en Crimea no se debían a heridas de batalla, sino a la falta de higiene. Gracias a estas conclusiones, se implementaron reformas sanitarias que lograron reducir la tasa de mortalidad de casi la mitad a un porcentaje mínimo en los hospitales militares.

Desde 1912, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) concede la Medalla Florence Nightingale, el máximo galardón para profesionales de la enfermería, como homenaje a su legado. Este año, la distinción se otorgó a 35 personas de 17 países, aunque no hubo representantes argentinos. Los galardonados son seleccionados por una comisión formada por el CICR, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y el Consejo Internacional de Enfermeras.

La historia también recuerda la relación indirecta entre Nightingale y Henri Dunant, fundador de la Cruz Roja. Ambos compartían la lucha por mejorar el cuidado a los soldados heridos, aunque mantenían diferencias sobre la implicación del voluntariado y la responsabilidad estatal en los servicios sanitarios. Nightingale llegó a formar parte del comité de damas de la Cruz Roja Británica, acercando ambos movimientos institucionalmente.