El creciente uso de teléfonos inteligentes, redes sociales, plataformas de streaming y videojuegos ha generado un cambio notable en la vida sexual de muchas personas, principalmente en las generaciones más jóvenes. Estudios recientes señalan una reducción en la frecuencia de la actividad sexual, atribuido en parte a que los momentos íntimos se ven desplazados por el consumo de contenidos digitales.
Más que un simple reemplazo, las pantallas ejercen una fuerte influencia sobre cómo se entiende el deseo y la sexualidad. Las representaciones idealizadas y estereotipadas presentes en el cine, la pornografía y las redes sociales pueden generar en algunos individuos sentimientos de frustración o decepción respecto a sus experiencias reales de pareja. Este fenómeno modifica la forma en que se concibe la intimidad y las expectativas sobre las relaciones.
Sin embargo, especialistas advierten que no se trata del fin de la sexualidad, sino de una transformación profunda en las prácticas y en la manera de conectar con el otro. La sexualidad evoluciona adaptándose a los nuevos escenarios digitales y culturales, configurando formas distintas de vínculo y expresión del deseo.