Leonardo Henrichsen, conocido como «El sueco», es recordado en Argentina por su trabajo y sacrificio durante su labor profesional. Este camarógrafo y periodista fue asesinado en plena calle mientras cubría el llamado Tanquetazo, un fallido golpe de Estado en Chile que disputaba el poder al gobierno de Salvador Allende. En honor a su memoria, cada año se celebra el Día Nacional del Camarógrafo Argentino.

Henrichsen inició su trayectoria en el periodismo audiovisual como aprendiz en Sucesos Argentinos, el primer noticiero cinematográfico del país, bajo la tutela del fotoperiodista Tadeo Bortnowski. Tras el cierre de ese noticiero, fue contratado por Canal 7, donde su trabajo destacó en la cobertura del conflicto entre «Azules» y «Colorados» en Buenos Aires en 1962, registrando imágenes históricas desde el frente de batalla.

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A lo largo de su carrera, cubrió más de veinte golpes de Estado en distintos continentes, incluyendo eventos fundamentales como el derrocamiento del presidente dominicano Juan Bosch y las revueltas conocidas como el Cordobazo en Argentina. En Canal 13 se desempeñó no solo como camarógrafo en coberturas informativas, sino también en producciones audiovisuales, filmando exteriores y procesando material fílmico.

Su dominio del inglés y su experiencia internacional le valieron un traslado a la televisión pública sueca (STV), donde fue corresponsal exclusivo en Chile. Ahí cubrió importantes acontecimientos como el paro camionero contra el gobierno de Allende y entrevistas políticas significativas. Fue durante esta cobertura que, el 29 de junio de 1973, Henrichsen documentó las primeras escenas del Tanquetazo, un golpe frustrado liderado por un sector militar de extrema derecha.

La jornada estuvo marcada por intensos enfrentamientos entre tanques y fuerzas leales al gobierno, que conmocionaron el centro de Santiago con disparos, ametralladoras y caos en las calles. Henrichsen, ubicado a pocos metros del Palacio de La Moneda, siguió registrando la violencia hasta que fue fatalmente atacado. Su trabajo, paradojalmente, convirtió su imagen en un símbolo de la libertad de prensa y el riesgo enfrentado por quienes cubren conflictos y dictaduras.

El legado de Leonardo Henrichsen trasciende su trágico final y es un referente para los periodistas y camarógrafos en Argentina y América Latina, reflejando tanto la importancia del registro visual en la historia como el compromiso de informar aún en situaciones extremas.