El conflicto entre Israel y Hezbollah persiste con violencia en el sur del Líbano, aun cuando se realizan negociaciones diplomáticas en Estados Unidos. A pesar del alto el fuego formal que entró en vigor en abril, los bombardeos y ataques no se detienen, y las fuerzas israelíes atacaron una veintena de localidades en un solo día.
Las conversaciones entre delegados libaneses e israelíes se llevan a cabo en el Departamento de Estado en Washington, donde el portavoz diplomático estadounidense aseguró que avanzan en temas políticos y de seguridad. Sin embargo, Hezbollah se opone a las negociaciones, lo que representa un obstáculo clave. Estados Unidos busca desvincular estas discusiones de las negociaciones con Irán, algo que Teherán rechaza rotundamente.
Durante esta escalada, el ejército israelí defiende sus acciones afirmando que continuará operaciones para neutralizar a Hezbollah y garantizar la seguridad del norte de Israel. A pesar de declaraciones oficiales para limitar la violencia, el primer ministro israelí y su ministro de Defensa sostienen la posibilidad de atacar objetivos en Beirut si la organización libanesa mantiene sus agresiones.
En el balance de violencia, el Ministerio de Sanidad libanés reportó varios muertos entre civiles, incluido un niño, y decenas de heridos, entre ellos personal médico del hospital público de Tebnine. Desde el inicio del conflicto en marzo, según cifras oficiales libanesas, más de tres mil personas han fallecido y más de un millón han debido desplazarse. Por el lado israelí, se confirmó la muerte de soldados y un contratista civil.
El escenario sigue marcado por la negativa de Hezbollah a aceptar las condiciones impuestas para avanzar en un acuerdo y el rechazo de Irán a separar las negociaciones multilaterales. Mientras Estados Unidos impulsa un diálogo fragmentado, la guerra regional continúa con un alto costo humano y sin señales claras de resolución.

