La celiaquía es una enfermedad autoinmune que afecta el intestino delgado y dificulta la absorción de nutrientes, causada por la intolerancia al gluten, una proteína presente en ciertos cereales. Su diagnóstico temprano resulta fundamental para evitar complicaciones y mejorar la calidad de vida de quienes la padecen.

Esta condición, que afecta a una porción significativa de la población argentina, no se limita a síntomas digestivos. Más allá de diarrea, constipación y distensión abdominal, puede manifestarse a través de problemas óseos, articulares, dermatológicos o incluso caída del cabello. La ausencia de signos evidentes hace que muchas personas convivan con la enfermedad sin saberlo, lo que aumenta la subestimación del problema.

Para confirmar la celiaquía, los profesionales de la salud realizan una evaluación que incluye el análisis de antecedentes familiares, pruebas inmunológicas y estudios endoscópicos. En algunos casos también se complementa con exámenes genéticos. La única estrategia terapéutica efectiva es la exclusión total del gluten en la dieta, lo que representa un desafío en términos económicos y sociales para quienes deben adaptarse.

Ante esta situación, se recomienda privilegiar una alimentación natural que evite los productos procesados con harinas que contienen gluten. La dieta recomendada se basa en el consumo de proteínas animales como huevo, pollo, carne y pescado, y en la incorporación de fibra a través de legumbres, verduras y vegetales, reemplazando así a los cereales tradicionales.