Después de mantener los precios congelados durante más de un mes, YPF decidió aumentar un 1% el costo de sus combustibles, tanto nafta como gasoil. Este ajuste responde a la necesidad de suavizar el impacto de las variaciones del petróleo Brent en el mercado argentino, evitando cambios abruptos para el consumidor.

El mecanismo que utiliza YPF, conocido como "buffer de precios", permite amortiguar las fluctuaciones internacionales sin trasladarlas directamente al surtidor. Esto se basa en la combinación del valor internacional del barril, los costos de refinación, el tipo de cambio, los impuestos y los gastos logísticos, componentes que conforman el precio final de los combustibles en Argentina.

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Con una cuota de mercado superior al 50%, YPF establece el piso de precios en las estaciones de servicio, un referente que otras petroleras suelen seguir. Aunque el incremento es moderado, tiene repercusiones directas en sectores como transporte y logística, donde el combustible representa una parte clave de los costos operativos.

La suba de precios se da en un contexto global marcado por la tensión en el estrecho de Ormuz y restricciones en puertos iraníes, eventos que han impulsado un aumento cercano al 25% en los valores internacionales del crudo desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán. A pesar de esta presión externa, YPF continúa comprometida en mantener la estabilidad del mercado local con ajustes controlados.

Este ajuste responde a la intención de desacoplar el mercado local de las fluctuaciones internacionales, procurando una transición gradual para los consumidores argentinos y ofreciendo un margen de previsibilidad en un escenario global afectado por la crisis energética.