La fusión entre Telecom y Telefónica en Argentina continuará, pero bajo estrictas condiciones impuestas por el Gobierno de Javier Milei para evitar la concentración del mercado de telecomunicaciones. Como principal requisito, Telecom tendrá que crear y luego vender una tercera compañía que liberará cerca de seis millones de clientes móviles junto con parte de la infraestructura.
Esta medida busca evitar que la compra de Telefónica por parte de Telecom se convierta en un monopolio que afecte la competencia y los usuarios. La empresa desistió de la vía judicial tras la resolución del Tribunal de Defensa de la Competencia (TDC), organismo de la Autoridad Nacional de la Competencia (ANC), y comenzó el proceso para encontrar un comprador para esa nueva operadora dentro de un plazo cercano a 18 meses.
Telefónica dejará de operar tras casi 36 años en el mercado argentino, en un cambio que marca uno de los movimientos más relevantes en la historia del sector. La propiedad de Telecom no es exclusiva del Grupo Clarín, que si bien tiene una participación relevante, es minoritaria. El control se comparte con Fintech, de David Martínez, así como con inversores institucionales y Anses, que posee una proporción significativa desde la nacionalización de las AFJP.
El Gobierno mantuvo una postura firme desde el inicio para limitar esta fusión, considerando que podría favorecer al Grupo Clarín y afectar la libre competencia. El enfrentamiento incluyó mensajes públicos del presidente Milei contra Clarín, acusándolo de buscar una posición hegemónica en telecomunicaciones y relacionando esta disputa con el tono crítico que el grupo mediático adoptó frente a su gestión.