Santa Fe cerró los primeros cinco meses del año con un déficit fiscal que alcanzó los $595.000 millones, cifra que representa el 10% de sus ingresos totales en ese período. Mientras los recursos provinciales subieron un 32,3% interanual, los gastos crecieron un 46,5%, generando un desequilibrio presupuestario cada vez más profundo.

El aumento de los ingresos se ubicó por debajo del índice de inflación (33,2%), evidenciando así una caída real en la recaudación. Esta situación se explicó en parte por el bajo desempeño de los fondos tributarios nacionales, que solo crecieron un 25,5%, quedando casi 8 puntos porcentuales debajo de la inflación. La coparticipación del IVA aumentó apenas un 21,5%, a pesar de que el impuesto a las Ganancias registró una suba más significativa del 40%.

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Por su parte, los recursos propios de la provincia estuvieron sustentados principalmente por el impuesto a los Ingresos Brutos, que creció un 33,2%, alcanzando la inflación pero sin superarla. Esto revela una dependencia marcada en los tributos nacionales, que representaron el 64% del total de ingresos, frente a un 36% aportado por recursos provinciales. Dentro de estos últimos, Ingresos Brutos acaparó el 84% de la recaudación propia, seguido por el Impuesto de Sellos con un 9% y el Impuesto Inmobiliario con un 7%.

En cuanto al gasto, el incremento del 46,5% superó ampliamente la inflación, impulsado principalmente por el aumento en las remuneraciones del personal, que crecieron un 48% interanual y representaron el 39% del gasto corriente total. Además, las inversiones en obra pública y equipamiento alcanzaron los $713.000 millones, un avance interanual del 71,8%, elevando su peso dentro del gasto global.

Este panorama dibuja un escenario fiscal complicado para la provincia, con un aumento desproporcionado del gasto respecto a los ingresos y un sustancial peso de las transferencias nacionales en el financiamiento local. La dinámica actual deja entrever desafíos importantes para equilibrar las cuentas públicas en los próximos meses, dado que la recuperación en la recaudación vinculada al consumo, como el IVA y el impuesto a Ingresos Brutos, se anticipa débil.