En medio de un contexto económico complejo, los precios de los alimentos muestran una leve estabilización, con un incremento moderado que mejora el acceso al consumo básico para los hogares argentinos. Este fenómeno se destaca especialmente en productos de alta sensibilidad social, como la carne, y ha impactado positivamente en la canasta básica alimentaria, cuya suba fue inferior al promedio general de inflación.

No obstante, esta calma relativa contrasta con la creciente dificultad del Banco Central para conservar las divisas que ingresan al país. A pesar de un aumento en la liquidación de divisas por parte del sector agroexportador, la entidad logró reducir notablemente sus compras en comparación con el mes anterior. Esto apunta a que una proporción mayor de dólares está siendo absorbida por el sector privado, lo que podría limitar la capacidad del Central para acumular reservas y ejercer control sobre el tipo de cambio.

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Por otra parte, el consumo interno continúa mostrando señales de debilidad. El desempeño de cadenas comerciales como Cencosud refleja una caída en las ventas, indicando una restricción en el gasto familiar. Los consumidores se inclinan por marcas propias y reducir gastos no esenciales, además de preferir establecimientos cercanos a sus domicilios. En el segmento de mejoramiento del hogar, se observa un impacto más fuerte, vinculado a una clase media con menor poder adquisitivo y a un sector de la construcción todavía frágil.

El crecimiento moderado de los precios de alimentos se percibe como un respiro en un mes marcado por la inflación sostenida, mientras el Banco Central enfrenta un dilema entre acumular reservas o permitir mayor presión en el tipo de cambio ante un flujo mejor de dólares al sector privado. Simultáneamente, la debilidad del consumo interno plantea un desafío clave para reactivar la demanda y lograr una recuperación económica más sólida.