La morosidad en créditos familiares tocó un máximo histórico, con más de 3,3 millones de personas en situación crítica de impago. Esta cifra representa un incremento anual cercano al 100% en deudores considerados irrecuperables, aquellos con atrasos superiores a un año.
El endeudamiento promedio por hogar ronda los $5,7 millones, sumando más de $39 billones en mora total en todo el país. Este fenómeno ya no afecta solo a grupos de menores ingresos, sino que se observa en gran parte del crédito al consumo, especialmente en quienes toman préstamos pequeños o recurren a entidades no bancarias para cubrir gastos básicos y cotidianos.
El contexto económico, marcado por la caída del poder adquisitivo y una inflación persistente, llevó a que el crédito zacaraqué un instrumento para adquirir alimentos y cubrir necesidades diarias, más que para la compra de bienes durables. La cuota de tarjetas y préstamos se volvió impagable para muchas familias, que recurren a reestructuraciones continuas sin poder regularizar sus deudas.
Este escenario no solo refleja un aumento en la cantidad de deudores, sino un empeoramiento del perfil crediticio de quienes ya tenían préstamos. Según un informe del Instituto Argentina Grande, el sistema financiero y no financiero involucra a 20,6 millones de personas con deuda, de las cuales un 16% está en la categoría de morosidad más grave, un ascenso respecto al 9% registrado hace un año.
El gobierno mantiene una política basada en el endeudamiento para estimular la economía, pero las tasas elevadas, junto con la ausencia de medidas estatales efectivas para aliviar a los hogares, profundizan la crisis. Los bancos, por su parte, presionan para sostener las condiciones crediticias actuales, dificultando la salida de este círculo vicioso.

