La reciente aceleración en la demanda de dólares ha generado una fuerte presión sobre la cotización, impulsando al alza el tipo de cambio por encima de la inflación. Este movimiento genera preocupación tanto en el gobierno como en el ámbito financiero, debido a la rapidez con la que el dólar se ajusta, aunque el fenómeno era previsible tras varios meses de fortalecimiento del peso.
En este contexto, el sector agroexportador cobra protagonismo con el amplio stock de soja sin vender que mantiene retenido, en espera de condiciones más favorables para su comercialización. Este retraso en la liquidación afecta la dinámica cambiaria pero también anticipa un incremento en la oferta de dólares para la segunda mitad del año que podría aliviar la presión sobre el tipo de cambio.
Además de la soja, otros flujos de dólares, como los provenientes de la exportación de energía y minería, así como aportes de inversiones productivas, sumarían a la disponibilidad de divisas. La liquidación diferida del agro, que representa la venta postergada de granos, se estima que contribuirá con un volumen de entre u$s15.000 millones y u$s18.000 millones durante los próximos meses, lo que podría equilibrar la demanda creciente.
Los contratos de futuros del dólar proyectan un avance gradual del tipo de cambio hacia un valor cercano a $1.650 para fin de año, con un incremento estimado del 11%, que se alinearía con la inflación y las tasas de interés vigentes. Esta perspectiva indica que, pese al incremento reciente, la cotización podría mantenerse dentro de rangos previsibles y sin grandes sobresaltos.
En líneas generales, el mercado cambiario para el segundo semestre estará marcado por la tensión que genera la demanda de dólares, pero también por la mayor oferta que traerá la liquidación de los granos retenidos. Los analistas coinciden en que, aunque pueden ocurrir ajustes puntuales, no se esperan crisis cambiarias graves, pues el flujo de divisas provenientes del agro y otros sectores debería contribuir a una normalización.