El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) avanzó en su plan de ajuste con la desvinculación formal de 380 agentes en su más reciente etapa, sumando un total de 757 retiros voluntarios en todo el país. La medida apunta a disminuir la planta de personal desde cerca de 5750 empleados hasta aproximadamente 4500, lo que representa una reducción cercana al 20%.
Este programa, promovido por la conducción del INTA y respaldado por el ministerio de Economía, forma parte de una política nacional orientada a la contención del gasto público. El organismo estableció un cupo máximo de 1200 adhesiones, cifra que se aproxima mientras se evalúan expedientes pendientes para nuevas desvinculaciones.
El impacto tampoco se limita a los números globales, sino que ya se refleja a nivel regional. En la Provincia de Buenos Aires, la estructura del INTA logró prueba palpable del ajuste: la agencia local en Rauch perdió a ocho trabajadores por retiro voluntario, mientras que en la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) de San Pedro, nueve empleados dejaron sus cargos, entre ellos la propia directora, la ingeniera agrónoma Laura Hansen.
Estas bajas afectan directamente la capacidad operativa del INTA en zonas productivas clave, particularmente en sectores como la fruticultura y la horticultura. Si bien no se publicaron aún datos específicos para cada localidad, el proceso continúa y se espera que otras estaciones experimentales y agencias de extensión rural también registren reducciones.
El Consejo Directivo del INTA mantiene una revisión acelerada de alrededor de 150 casos pendientes que podrían sumarse a las desvinculaciones. La estrategia busca que el reordenamiento institucional y la reducción del personal sean consecuentes con el objetivo estatal de optimizar recursos sin cancelar funciones esenciales del organismo técnico agropecuario.

