Un brote de hantavirus en el crucero polar MV Hondius, que zarpó desde Ushuaia hacia las Islas Malvinas y Georgias del Sur, puso en evidencia una red comercial y turística que fortalece la ocupación británica en el Atlántico Sur. La Organización Mundial de la Salud confirmó tres muertes a bordo, pero además de la tragedia sanitaria, el itinerario del crucero reflejó cómo Ushuaia funciona como un hub imprescindible para el flujo de turistas hacia los enclaves coloniales.
Este tránsito marítimo entre Argentina, Malvinas y Georgias del Sur se desarrolla desde hace más de una década, aunque la Dirección Provincial de Puertos (DPP) se ha negado a brindar información pública sobre la cantidad de pasajeros y cargas que circulan por estas rutas. Un pedido expreso amparado en la Ley de Acceso a la Información Pública fue desoído, lo que oculta un comercio que no solo facilita el turismo, sino que también alimenta financieramente a los usurpadores.
El turismo es la segunda fuente de ingresos más importante para las Islas Malvinas, con un ingreso anual que ronda los 20 millones de dólares. La última temporada registró una cifra récord de visitantes, cerca de 75.000 cruceristas, y es conocido que muchos de esos tours parten desde el puerto de Ushuaia. Las autoridades locales reconocen esta situación, pero no han implementado controles ni restricciones que modifiquen esta conectividad marítima.
La falta de transparencia y la continuidad de estos viajes contravienen el espíritu de la Ley Provincial Nº 852 "Gaucho Rivero", cuyo objetivo es preservar la soberanía y limitar la complicidad contra la ocupación. Además, la operativa beneficia indirectamente al Reino Unido para sostener la colonia, utilizando la infraestructura y servicios de Ushuaia como plataforma logística principal.
Este caso deja en relieve una contradicción entre el mandato constitucional argentino y la práctica cotidiana en la provincia de Tierra del Fuego. El gobierno provincial enfrenta el desafío de decidir hasta qué punto permitirá que el puerto capitalino siga siendo soporte de quienes ocupan ilegalmente las Malvinas, mientras persista el silencio ante los requerimientos de información que podrían revelar la dimensión real de este fenómeno.

