El mercado de futuros de soja en Rosario muestra un comportamiento que anticipa una próxima reducción de retenciones. El contrato más negociado para julio de 2026 cerró en 335 dólares por tonelada, una cifra que supera la capacidad de pago que correspondería con la alícuota actual del 24%, lo que indica que los operadores ya incorporan la expectativa de un cambio en la política tributaria.

Esta situación refleja una disparidad en la relación entre los precios FOB y FAS (pago en el punto de origen), la cual ha oscilado recientemente entre el 74,7% y el 79% del FOB oficial. Tal comportamiento revela la presión que ejerce la demanda industrial sobre el mercado físico de soja, particularmente en tiempos de cosecha.

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La industria aceitera se posiciona como el principal motor de esta demanda, aprovechando los altos precios internacionales tanto del aceite como de la harina de soja para robustecer sus programas de embarque. A pesar de que algunas plantas integran poroto importado de Paraguay, la mayoría de la mercadería necesaria para cumplir compromisos proviene de la producción local, lo que intensifica la competencia por la soja argentina.

Un punto clave en esta dinámica es la diferencia con el modelo brasileño, donde la mayor parte de la demanda para la soja corresponde a exportadores de poroto. En Argentina, en cambio, la industria procesadora encabeza la compra, pagando valores superiores incluso a lo que ofrecen los exportadores directos. En concreto, para la posición julio 2026, la capacidad de pago de los exportadores no supera los 315 dólares por tonelada, quedando por debajo de los 335 dólares que la industria aceitera está dispuesta a abonar.

Este fenómeno genera una distorsión en la lectura de los precios de mercado respecto a la alícuota vigente sobre el poroto, anticipando un escenario en el que la reducción de retenciones podría consolidar y explicar la firmeza exhibida en los valores actuales.