Marruecos consolidó un cambio de estatus en el fútbol mundial tras llegar a semifinales en el Mundial de 2022 en Qatar, donde sorprendió al mundo. Desde entonces, el equipo ha dejado de ser visto como una sorpresa y se estableció como un conjunto competitivo y con ambiciones reales para futuras competiciones, incluido el Mundial de 2026.

Después de la victoria contra Canadá en octavos de final, el optimismo en el plantel es palpable. Mohamed Ouahbi sostuvo que el paso importante ya está dado, marcando un antes y un después para el equipo que ahora debe mantener y profundizar este crecimiento a lo largo de los próximos años. Esta postura se aleja de cualquier temor a un retroceso por una posible eliminación temprana, confiando en que llegar a semifinales consecutivamente sería una confirmación definitiva de su nuevo nivel.

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En la actualidad, Marruecos se ubica en un lugar destacado dentro del ranking FIFA, ubicándose entre los primeros diez, lo cual refleja su progreso y cohesión. El exdirector de la Academia Mohamed VI, Nasser Larguet, afirmó que la selección marroquí debe ser considerada como un equipo de primer nivel y no como un participante accesible.

La evolución del grupo se basa tanto en su juventud como en una mayor experiencia, un aprendizaje acelerado que comenzó en 2022, aunque aquel camino estuvo marcado por dificultades como lesiones claves durante la semifinal contra Francia. Larguet destacó que la ausencia de jugadores fundamentales fue determinante, lo que no ha vuelto a ocurrir, ya que el plantel ahora cuenta con su máximo potencial.

El plantel presenta figuras determinantes que demuestran vigor y calidad en cada línea. Jugadores como Hakimi lideran su sector con gran dinámica, mientras Brahim Díaz aporta apoyo ofensivo. En el medio, el tándem Bouaddi-El Aynaoui cumple un rol esencial en la organización del juego, y Yacine Bounou sigue siendo un baluarte en la portería. Marruecos cuenta además con un ataque que, pese a ciertas limitaciones físicas, ha marcado múltiples goles en esta campaña.

El discurso oficial del equipo ha cambiado hacia la confianza plena en sus capacidades. Mohamed Ouahbi insiste en que el grupo debe aspirar a ganar el Mundial, una idea que fue sembrada desde la dirigencia anterior y que hoy se mantiene firme. La ambición ya no se esconde ni se considera un sueño lejano, sino un objetivo concreto y palpable dentro del plantel.