El bombo de Carlos "Tula" Pascual, un símbolo histórico de la pasión argentina por la Selección Nacional, continúa acompañando a los fanáticos incluso después del fallecimiento de su dueño. Esta emblemática pieza, que pesa alrededor de diez kilos, ha recorrido un extenso camino a lo largo de los últimos años, trasladándose de mano en mano durante fan fests, banderazos y partidos en distintos países, reafirmando un sentimiento que trasciende fronteras.

Desde el Mundial de Alemania 1974, "Tula" fue un acompañante incondicional de la Albiceleste en todas las copas del mundo, siguiendo tanto las victorias históricas de 1978, 1986 y 2022 como las derrotas y eliminaciones tempranas. Su compromiso y presencia le valieron un reconocimiento oficial de la FIFA en 2023, representando a la hinchada argentina durante el Mundial de Qatar. El legado de Tula y su bombo no solo representan un objeto, sino el alma del aliento popular, que hoy persiste gracias a la entrega de sus seguidores.

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Tras su muerte en 2024, el silencio que dejó su ausencia parecía difícil de llenar; sin embargo, el bombo atravesó nuevamente el continente, llegando hasta Estados Unidos para sostener el fervor de los hinchas argentinos. Esta travesía fue posible incluso gracias a plataformas de transporte como Uber, que permitieron a este símbolo trasladarse con agilidad entre diferentes eventos y encuentros deportivos. Así, la historia de Tula no quedó relegada, sino que logró renovarse en cada latido de su bombo, convirtiéndose en un patrimonio compartido entre todos los seguidores del fútbol nacional.