Estados Unidos intensificó sus ataques contra objetivos militares iraníes en una ofensiva prolongada que busca limitar la capacidad de Irán para afectar el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, una de las rutas petroleras más estratégicas del mundo.
Tras dos días consecutivos, Washington informó haber alcanzado cerca de 170 objetivos entre sistemas de defensa aérea, radares y depósitos de misiles, mientras que Irán respondió con ataques dirigidos a bases militares estadounidenses localizadas en Baréin, Kuwait y Qatar, desplazando la confrontación a distintos puntos del Golfo Pérsico.
La escalada se da en un momento de negociaciones congeladas entre ambos países, tras la interrupción provocada por los funerales del líder supremo iraní Alí Khamenei y sin avances diplomáticos que permitan calmar el conflicto. La tensión también crece por la revocación de Estados Unidos de las exenciones para la compra de petróleo iraní, una medida tomada luego de atribuir a Teherán la autoría de ataques anteriores contra barcos comerciales en la zona.
Estos intercambios bélicos aumentaron la incertidumbre en los mercados energéticos internacionales. El precio del petróleo experimentó una leve corrección después de un fuerte aumento, pero se mantiene elevado ante el temor por posibles interrupciones en el suministro desde Medio Oriente.
En medio de esta situación, el presidente estadounidense Donald Trump endureció su discurso y advirtió que, ante cualquier nuevo ataque, la respuesta de Estados Unidos sería mucho más contundente. Además, ratificó que su país dispone de múltiples maneras para imponerse en un eventual conflicto que "ganaría muy rápido".
Por su parte, la Guardia Revolucionaria iraní advirtió que podría ampliar sus operaciones militares en la región, lo que incrementa la inquietud sobre la estabilidad y el equilibrio de fuerzas en el Golfo Pérsico.