En el sistema volcánico Auca Mahuida, ubicado a más de 40 kilómetros de Rincón de los Sauces, se identificó una «irradiación de calor» puntual que llevó a las autoridades neuquinas a activar un protocolo de vigilancia. La anomalía térmica se detectó en un área reducida, aproximadamente de dos metros de ancho por cuatro de largo, y no mostró variaciones desde su primer registro.

Para garantizar la seguridad, se estableció un perímetro de dos kilómetros bajo constante telemetría, con coordinación entre Protección Civil y el municipio local. Además, el Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar) inició un monitoreo específico de la actividad sísmica en la zona, con el fin de detectar cualquier posible cambio en la dinámica volcánica.

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El geólogo y geofísico Mario Sigismondi aclaró que, aunque ningún peligro puede considerarse nulo en términos volcánicos, el riesgo actual se proyecta como casi inexistente. También descartó cualquier vínculo entre este fenómeno térmico y la explotación hidrocarburífera mediante fracking en Vaca Muerta, señalando que la manifestación es de origen exclusivamente natural.

El experto explicó que su investigación doctoral se centró en la geodinámica de la cuenca neuquina y el flujo de calor en la región, evidenciando que el área de Auca Mahuida presenta un flujo térmico superior al promedio regional y mundial de zonas continentales. Esta anomalía se asocia con un vulcanismo de tipo Plio-Pleistoceno, reciente en términos geológicos, caracterizado por la formación de un volcán escudo con lavas basálticas fluidas.

Este tipo de volcán, ubicado en una zona de retroarco, difiere en origen y composición de otros complejos volcánicos del cordón andino, como Caulle-Puyehue o Chaitén, que se emplazan directamente en el límite de subducción de placas tectónicas. La particularidad de Auca Mahuida radica en la menor explosividad y en el exceso de flujo de calor que ha generado un «domo» térmico en el subsuelo, provocado por procesos como el adelgazamiento de la corteza terrestre y el ascenso de magmas desde el manto.

Esta elevación térmica incrementa la temperatura de las rocas y de las aguas subterraneas que se infiltran por fracturas naturales, dando lugar a la irradiación detectada. Aunque esta dinámica no es signo de una reactivación volcánica, el monitoreo permanente permitirá alertar ante cualquier cambio relevante en el sistema volcánico.