El exfuncionario Adorni decidió apartarse de su cargo dejando una carta de renuncia con un contenido inusual: un amplio listado de acusaciones que hasta ese momento no habían sido atribuidas formalmente en su contra. En la misiva, dirigida a Javier Milei y difundida en la plataforma X, se presentó como una víctima de persecución mediática y política, extendiendo el marco de las denuncias más allá del caso que originó su salida.
Entre los cargos que enumeró, Adorni mencionó hechos como viajes inexistentes, gastos excesivos y lujosos, contratos falsos vinculados a su esposa con el Estado o empresas públicas, y la posesión de bienes suntuosos como mansiones y autos de alta gama. Además, señaló la existencia de granjas criptográficas operadas supuestamente con la colaboración de la Custodia Presidencial, prácticas de nepotismo, la utilización de fondos públicos para gastos personales, y la vinculación con sociedades radicadas en Uruguay. Incluso se refirió a pagos millonarios para comprar silencio y a cirugías estéticas costosas.
Esta lista de presuntas irregularidades complica el contexto judicial y político alrededor de Adorni, puesto que introduce nuevos elementos que no forman parte del expediente original. Lejos de cerrar el proceso, la carta abre nuevos interrogantes y obliga a revisar el alcance y veracidad de las imputaciones. La extensión y variedad de los señalamientos incrementan la complejidad de la situación y dificultan cualquier intento de poner punto final a la controversia.