Rusia y China emitieron una denuncia contundente contra el actual orden mundial dominado por un solo eje de poder, advirtiendo que esta hegemonía afecta la estabilidad y el desarrollo de otras naciones. En su declaración conjunta, ambas potencias rechazaron las políticas unilaterales que imponen sanciones y medidas coercitivas ilegales, las cuales consideran obstáculos para la construcción de un sistema multipolar.

Los países calificaron de agresivas las acciones de ciertos Estados que atacan militarmente, desestabilizan gobiernos y promueven cambios de poder a través de maniobras que incluyen incluso el secuestro de líderes nacionales para someterlos a juicios considerandos ilegítimos. Además, subrayaron que estas conductas violan gravemente las normas establecidas tras la Segunda Guerra Mundial y ponen en riesgo la paz global.

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La declaración también destaca su respaldo al papel central de las Naciones Unidas en la política internacional, en un momento de creciente rivalidad geopolítica y conflictos locales. Denunciaron con especial firmeza las provocaciones y hostilidades de algunos Estados con armas nucleares, que despliegan infraestructura militar cerca de otros países con capacidad nuclear y expanden alianzas militares sin control, buscando una ventaja militar absoluta.

Rusia y China expresaron su preocupación por el despliegue de misiles de medio y corto alcance en ciertos territorios, señalando que estas acciones son altamente desestabilizadoras y representan una amenaza estratégica para las naciones involucradas. También condenaron las provocaciones que socavan la seguridad regional y mundial, reafirmando su oposición a cualquier intento de imponer la «ley del más fuerte» en las relaciones internacionales.

En resumen, la declaración conjunta pide la eliminación de sanciones unilaterales, el respeto estricto al derecho internacional y un compromiso real con un orden global más equilibrado y pacífico, basado en la cooperación y la soberanía plena de todos los Estados.