El gobierno ruso comunicó el inicio de una campaña intensiva de bombardeos contra instalaciones militares e industriales ubicadas en Kiev, en respuesta a un reciente ataque en la región de Lugansk que causó múltiples víctimas. Según el comunicado oficial, los objetivos incluyen empresas vinculadas a la producción y lanzamiento de drones, así como los centros de toma de decisiones y puestos de mando en la capital ucraniana.
Ante la escalada, Rusia instó a los ciudadanos extranjeros y al personal diplomático a abandonar Kiev con "la mayor rapidez posible", advirtiendo además a la población local de no acercarse a las infraestructuras militares y administrativas para evitar daños colaterales.
El comunicado acusó al gobierno ucraniano de mantener una postura «nazi y terrorista», señalando que sus ataques contra civiles, incluidos niños, han provocado un agotamiento en la paciencia de Moscú. Asimismo, aseguró que Occidente respalda a Ucrania con armamento que permite la continuación de estas acciones, violando el derecho internacional humanitario destinado a proteger a la población civil en contextos bélicos.
Los ataques ordenados por Rusia se dan luego de un bombardeo en una residencia estudiantil en Lugansk que dejó varias víctimas fatales y decenas de heridos. La ofensiva militar del fin de semana anterior incluyó el uso masivo de misiles balísticos, de crucero e hipersónicos, además de un importante despliegue de drones.
El gobierno ucraniano denunció los ataques y atribuyó al presidente ruso Vladimir Putin la responsabilidad directa de la continuidad de los bombardeos sobre áreas residenciales. Por su parte, las autoridades locales reportaron daños significativos en edificios habitacionales, instituciones educativas y centros culturales, como el Museo de Chernóbil y el Museo Nacional de Arte, que sufrieron daños severos tras los bombardeos.

