En las últimas semanas, Ucrania intensificó sus ataques con drones contra objetivos dentro de Rusia, llegando hasta ciudades industriales alejadas del conflicto directo. Uno de los episodios más recientes ocurrió en Nizhnekamsk, una localidad rusa situada a más de mil seiscientos kilómetros de la frontera ucraniana, donde un ataque provocó heridos y la suspensión de las celebraciones por el feriado nacional del Día de Rusia.
El Kremlin reconoció estos ataques como un intento de «sembrar división» en la sociedad rusa y afectar su economía, aunque el presidente Vladimir Putin aseguró que estos objetivos no se alcanzarían. Durante una reunión con militares, Putin afirmó que los daños provocados «se reparan rápidamente» y enfatizó la necesidad de mejorar y fortalecer el sistema de defensa aérea para enfrentar estas incursiones.
El ataque en Nizhnekamsk fue reivindicado por el Estado Mayor ucraniano a través de la red Telegram, señalando que las operaciones nocturnas apuntaron a refinerías petroleras de la región. Asimismo, en la zona fronteriza de Bryansk, al menos dos civiles perdieron la vida debido a bombardeos de artillería, según informaron autoridades locales.
Estos incidentes suceden en un contexto de tensión creciente, con informes recientes desde Suecia que advierten sobre un posible ataque ruso a países miembros de la OTAN, en un intento de probar la cohesión del tratado que obliga a la defensa mutua.

