La carrera por la presidencia de Perú se mantiene estrecha y sin un ganador definitivo, con Roberto Sánchez superando a Keiko Fujimori por un margen mínimo mientras continúa el escrutinio del 93,9% de los votos. Sánchez ostenta un 50,008% contra un 49,992% de Fujimori, con una diferencia que ronda los 4.900 votos en un padrón de 27 millones de electores habilitados.
El conteo todavía debe procesar aproximadamente 4.600 actas de las 92.000 urnas habilitadas. Estas corresponden principalmente a votaciones desde el exterior y de la zona montañosa andina. Los votos en el extranjero tienden a favorecer a Fujimori, en tanto que la Sierra Sur peruana es un bastión para Sánchez, lo que mantiene la incertidumbre sobre el resultado final.
Analistas indican que la elección en Perú tiene una significación geopolítica notable en Sudamérica. La victoria de Fujimori podría alinear más al país con políticas cercanas al gobierno de Estados Unidos, especialmente en materia de seguridad y lucha contra el crimen transnacional, mientras que Perú mantiene crecientes vínculos económicos con China como nación costera del Pacífico.
Roberto Sánchez busca tomar el relevo presidencial para el período 2026-2031 en un contexto de profunda inestabilidad política, donde el país ha visto la renuncia y destitución de varios presidentes en menos de una década. Su figura se asocia a la defensa de los sectores rurales e indígenas, que ganaron peso en la última era presidencial tras el derrocamiento de Pedro Castillo.
Por su parte, Keiko Fujimori, hija del exdictador Alberto Fujimori, que enfrentó condenas por violaciones a derechos humanos, incluye la esterilización forzada de mujeres indígenas, ha venido perdiendo consecutivamente en segunda vuelta en las elecciones desde 2011. Su perfil representa a la derecha política de Perú y una posible continuidad de políticas más conservadoras y prorrusas.

