Una protesta masiva interrumpió el acceso principal al Estadio Azteca, escenario del partido inicial del Mundial entre México y Sudáfrica. El bloqueo estuvo encabezado por un grupo disidente del sindicato CNTE, que exige un aumento salarial y la derogación de una ley de pensiones. A pesar del despliegue policial y las barreras físicas instaladas por las autoridades, los manifestantes mantuvieron firme su posición frente al evento deportivo.
Las fuerzas de seguridad instalaron barreras de hormigón y emplearon remolques a lo largo de la pista principal para contener a los manifestantes, que al mismo tiempo levantaron campamentos en las proximidades del Zócalo, la plaza central de la capital. Estas movilizaciones incluyen también bloqueos en avenidas importantes y actos de vandalismo, como la destrucción de varias estatuas relacionadas con la Copa del Mundo.
La presidenta Claudia Sheinbaum calificó las protestas como una «provocación» pero descartó el uso de represión policial, optando en cambio por preservar el desarrollo pacífico de la inauguración. Asimismo, confirmó que no asistirá al acto oficial dentro del estadio y evalúa optar por la zona destinada a los aficionados cercana al palacio presidencial. La gobernante aseguró que la celebración seguirá su rumbo en un ambiente de tranquilidad, aunque advirtió que la situación continuarà siendo monitoreada conforme se acerque la fecha clave.

