El calentamiento global alcanzó un aumento de 1,39°C con respecto a los niveles preindustriales para el año 2025, según un análisis reciente de un consorcio internacional de científicos publicado en Earth System Science Data. Este ascenso es casi completamente atribuible a la actividad humana, que explica un aumento de 1,37°C, lo que genera preocupación por la cercanía a un umbral crítico de 1,5°C de calentamiento estimado hacia la próxima década.
Este escenario se agrava por la posible llegada de un fenómeno de súper El Niño, que se prevé aumentará significativamente la temperatura del océano en 2026. Los expertos describen el estado actual de los indicadores ambientales como alarmante, comparándolo con las señales vitales de un paciente en peligro. Al mismo tiempo, han denunciado un retroceso en la red global de monitoreo climático, vital para evaluar y responder a los cambios ambientales.
El estudio también revela un empeoramiento del desequilibrio energético de la Tierra, que mide la diferencia entre la energía solar que recibe el planeta y la que este devuelve al espacio, un indicador que ha alcanzado niveles récord y se ha duplicado desde la década de 1970. Este fenómeno responde al aumento continuo de las emisiones de gases de efecto invernadero y a la reducción de aerosoles, que antes contribuyeron a enfriar la atmósfera.
En cuanto a las emisiones, aunque el ritmo de crecimiento muestra leves desaceleraciones, el dióxido de carbono sigue en niveles históricos, lo que amenaza el presupuesto de carbono necesario para limitar el calentamiento a 1,5°C, que podría agotarse en poco más de tres años. Este contexto se añade a las políticas de recorte presupuestario, especialmente en Estados Unidos, que han llevado a la retirada de instrumentos clave para el monitoreo en aguas profundas, afectando la capacidad de medir cambios críticos en el clima.
Esta escasez de fondos no solo impacta a Estados Unidos, sino que pone en peligro a organismos internacionales como la Organización Meteorológica Mundial, con recortes severos que disminuyen las mediciones en regiones estratégicas como África y América del Sur.
Los efectos actuales del calentamiento global ya son palpables en la subida acelerada del nivel del mar, que aumentó 23 centímetros desde principios del siglo XX hasta 2025, con una tasa anual creciente. Asimismo, las olas de calor marinas se han triplicado desde 1991, llegando a un promedio de 65 días al año, afectando fuertemente los ecosistemas acuáticos y la biodiversidad.

