En poco tiempo, Alpine dejó de ser un equipo con un futuro incierto para transformarse en un activo atractivo dentro del cambiante panorama económico de la Fórmula 1. La compra completa de un equipo se volvió inalcanzable para muchos, por su elevado costo, su complejidad y las tensiones políticas internas que genera, por lo que los inversores exploran comprar participaciones minoritarias como una alternativa viable para ingresar al deporte.
Un claro ejemplo del surgimiento de este nuevo modelo es la venta del paquete accionario del 24% que posee la firma Otro Capital en Alpine. Esta empresa estadounidense, especializada en negocios deportivos, adquirió esas acciones en 2013 por 233 millones de dólares. Sin embargo, la valuación actual solicitada por Otro Capital supera los 700 millones, lo que implica un valor total del equipo cercano a los 3.000 millones de dólares. Este precio resultó excesivo para Mercedes, que en las negociaciones decidió abandonar la compra de esta participación minoritaria pese a ser un rival directo en pista.
Pero Mercedes no fue el único interesado en adquirir una parte de Alpine. A principios de 2026, Flavio Briatore confirmó que existen varios grupos interesados, entre ellos un consorcio vinculado a Christian Horner, exjefe de Red Bull, quien apunta a ingresar nuevamente como inversor antes que como empleado. Sin embargo, cualquier posible venta de acciones debe contar con la aprobación del Grupo Renault, que mantiene el control mayoritario de Alpine y posee un derecho de veto sobre la operación hasta septiembre, además de conservar influencia luego de esa fecha.
Esta dinámica pone en evidencia que, aunque Alpine podría abrir la puerta a nuevos inversionistas, la decisión última sigue en manos del grupo francés, que define quién puede integrarse y bajo qué condiciones. Más allá de las cifras financieras, el control estratégico sigue siendo un factor clave.
El valor de Alpine, además, se fundamenta no solo en su desempeño deportivo inmediato, sino en la proyección económica y el atractivo del negocio de la Fórmula 1, que en años anteriores sufrió una caída de participantes. Entre 2008 y 2016, varios fabricantes abandonaron la categoría, y equipos desaparecieron o quebraron. Hoy la categoría apunta a garantizar una base sólida de inversores capaces de sostener y hacer crecer la parrilla mediante menos equipos, pero con socios financieros fuertes y estratégicos, que aporten estabilidad.
Así, Alpine representa un ejemplo del cambio de paradigma en la Fórmula 1: el interés está en fragmentar la propiedad, administrar el riesgo y mantener el control de la gestión deportiva y económica. Este esquema refleja la profesionalización y complejidad que rodea a la máxima categoría del automovilismo en la actualidad.