Noa, un niño de cuatro años diagnosticado con parálisis cerebral, epilepsia refractaria y síndrome de West, enfrenta un cuadro de salud crítico ante la falta de atención médica especializada. Su madre, Araceli, denuncia que desde hace más de dos años no ha podido acceder a estudios fundamentales ni a un centro de alta complejidad para el tratamiento de su hijo.
La principal dificultad que enfrenta Araceli es la no disponibilidad de camas en hospitales de referencia como el Hospital Garrahan, el Gutiérrez y el Elizalde. A pesar de sus reiterados pedidos de derivación, las autoridades solo le informan que no hay lugar. Esta situación se agrava por la falta de comunicación clara y oportuna, incluso con el director del hospital local, dejando al niño sin el seguimiento médico adecuado.
En paralelo, la escasez de medicación anticonvulsivante ha sido un impedimento grave. El año pasado Noa permaneció tres meses sin recibir sus fármacos necesarios, situación que empeoró sus frecuentes convulsiones, que llegan a cuarenta episodios en un solo día. Araceli también denuncia que apenas recibe la mitad de los pañales que requiere, lo que dificulta la atención diaria y el cuidado básico del niño.
Desde hace tiempo, Araceli documenta el avance del deterioro en la salud de su hijo mediante fotografías y registros que evidencian su condición desesperante. Con un llamado hacia las autoridades gubernamentales y sanitarias, exige respuestas efectivas para que Noa pueda acceder a tratamientos adecuados y urgentes.
Esta historia refleja la problemática que enfrentan muchas familias con pacientes que requieren cuidados especializados en un sistema de salud con recursos limitados y falta de respuesta rápida, lo que pone en riesgo el bienestar y la vida de quienes más vulnerables están.