«¡No pasarán!» es una frase que ha resonado en momentos decisivos de la historia para expresar resistencia frente a fuerzas que amenazaban libertades y vidas. Desde la Revolución Nicaragüense en los años setenta hasta la Guerra Civil Española, donde fue icónica en la defensa contra el avance fascista, este grito se convirtió en un emblema de lucha y esperanza.

La expresión también tuvo un papel destacado durante la Batalla de Verdún, en la Primera Guerra Mundial. Allí, el general Robert Nivelle la utilizó para infundir valor a las tropas francesas ante la implacable artillería alemana. Aquellas trincheras sombrías y constantes combates inspiraron al soldado inglés John Ronald Reuel Tolkien para crear la épica saga de El Señor de los Anillos.

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Siguiendo esta línea, el papa León XVI retomó el simbolismo de «¡No pasarán!» en su encíclica Magnifica Humanitas, en la que hace un llamado crítico frente a la hegemonía de la oligarquía tecnológica global. En un contexto donde los recursos naturales son explotados para mantener modelos económicos basados en plataformas digitales y la valorización financiera, el pontífice propone volver a centrar la atención en la dignidad de la persona humana.

Para sustentar su reflexión, León XVI cita una frase de Tolkien a través del personaje Gandalf en El Retorno del Rey, donde se enfatiza la responsabilidad de cada individuo de combatir el mal en el entorno que conoce, para dejar un mundo mejor a las generaciones futuras.

Gandalf, el mago que conduce a los pueblos libres contra su enemigo Saurón, representa la sabiduría y la bondad que están presentes en la obra literaria, y que el papa convierte en un símbolo de la lucha cotidiana contra la deshumanización. Este llamado a la acción constante, fundamentado en pequeñas fidelidades, se presenta como la base de lo que llama «la civilización del amor».

Vale destacar que no es la primera vez que autores y personajes de Tolkien son referidos por la Iglesia Católica. Jorge Bergoglio, antes de ser el papa Francisco, los mencionaba en sus homilías en Buenos Aires y continúa haciéndolo en distintos mensajes a lo largo de su pontificado.

En definitiva, el legado de «¡No pasarán!» trasciende las batallas históricas para convertirse en una expresión vigente que combina cultura, espiritualidad y compromiso social frente a los desafíos contemporáneos.