La madrugada del 2 de abril de 1982, un joven teniente de corbeta remó en kayak hacia una playa para ser el primer argentino en pisar las Islas Malvinas durante la Operación Rosario. Hoy, a 44 años de ese momento, Bernardo Schweizer encabeza un proyecto solidario que nació de la camaradería entre veteranos y amigos y que lleva juguetes a niños necesitados.

Lo que comenzó como una reunión para compartir un asado entre once hombres se transformó en un grupo de cien amigos que se reúnen periódicamente para mantener vivos los lazos y, ahora, para realizar acciones benéficas. En un encuentro reciente, cada participante llevó al menos un juguete, lo que permitió recolectar alrededor de 250 unidades entre muñecos, pelotas y autitos para donar.

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La distribución de los juguetes se coordinó con concejales del municipio de Tigre, quienes facilitaron la llegada a hospitales y hogares que atienden a niños en situación vulnerable. Aunque un primer operativo en un hospital de Pacheco fue frustrado por falta de aviso, rápidamente encontraron una alternativa en la congregación "El Pueblo de Dios", que acoge a niños y familias en situación de calle.

El contacto con los chicos, desde bebés hasta adolescentes de 14 o 15 años, evidenció el impacto positivo que generan estas entregas, aún en contextos donde muchos de ellos enfrentan problemas de salud. Schweizer, oriundo de Entre Ríos y criado en Corrientes, explicó que esta iniciativa no solo beneficia a quienes reciben, sino también a quienes dan.

Al respecto, investigaciones publicadas en el American Journal of Preventive Medicine revelan que dedicar tiempo al voluntariado reduce significativamente el riesgo de mortalidad, las limitaciones físicas y el aislamiento social en adultos mayores. Este dato respalda la convicción de Schweizer y su grupo de que ayudar a otros también fortalece espiritualmente a quienes se involucran.