Pacientes que atraviesan tratamientos de reproducción asistida en Francia enfrentan la imposibilidad de realizar análisis genéticos previos a la transferencia embrionaria, un proceso conocido como diagnóstico preimplantacional de aneuploidías (PGD-A). Esta técnica permite identificar anomalías cromosómicas en los embriones antes de su implantación, con el objetivo de aumentar las probabilidades de embarazo exitoso y reducir el riesgo de abortos espontáneos. Sin embargo, en el país galo, sólo está permitido realizar este diagnóstico a quienes son portadores conocidos de enfermedades genéticas graves e incurables.

La ausencia del PGD-A generalizado lleva a que los médicos basen su selección embrionaria en criterios morfológicos y cinéticos, es decir, en la apariencia y dinámica de desarrollo de los embriones, métodos que especialistas consideran insuficientes para garantizar resultados efectivos. Pacientes como Aurélie, que después de varios años y múltiples intentos no lograron un embarazo viable, expresan frustración por “transferir embriones a ciegas” sin conocer su composición genética. A pesar de los aparentes “buenos” embriones, muchos sufren pérdidas recurrentes y embarazos fallidos.

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El debate sobre la legalización del PGD-A en Francia se intensificó luego de que una figura pública vinculada a la política ecologista pidiera incluir esta práctica entre las opciones disponibles para quienes recurren a la fertilización in vitro. En la actualidad, varios países europeos habilitan el diagnóstico genético embrionario con fines preventivos, mientras que en Francia persisten preocupaciones éticas vinculadas a la posible deriva hacia una selección genética eugenésica.

Expertos explican que las evidencias científicas sobre la efectividad del PGD-A para mejorar tasas de nacidos vivos o acortar el tiempo para concebir no son uniformes, lo que alimenta la polémica en torno a su uso generalizado. No obstante, reconocen que las anomalías cromosómicas son una causa frecuente de fracaso en la implantación y abortos en el primer trimestre, un problema con el que combatiría el acceso a esta tecnología.

Así, el sistema francés mantiene restricciones estrictas que afectan a quienes enfrentan tratamientos con fertilización in vitro, quienes deben confiar en métodos de selección menos precisos y enfrentar -como consecuencia- un proceso largo, doloroso y con resultados inciertos.