El mandatario colombiano que deja el cargo ordenó que no se le rinda el saludo militar a su sucesor durante la ceremonia de posesión, complicando los planes de este último de realizar el acto en un cuartel, un hecho sin precedentes en la historia reciente del país.
Petro argumentó que, conforme a la Constitución de 1991, la investidura debe realizarse en una sesión parlamentaria y que hasta el momento de la jura es el comandante supremo de las fuerzas militares, por lo tanto ningún oficial puede saludar militarmente a un civil que no sea su comandante. Esta decisión cuestiona la legitimidad del presidente electo y se sustenta en la vigencia del mando militar.
La disputa se enmarca en un contexto de fuerte tensión política tras denuncias cruzadas entre ambos sectores. Petro asegura que hubo irregularidades en las elecciones y estima que el verdadero ganador fue otro candidato del Pacto Histórico, mientras que el presidente electo ha denunciado corrupción y acusó al Gobierno saliente de intentar suspender el proceso de empalme y propiciar un posible golpe de Estado. La insistencia en respetar el protocolo constitucional parece por el momento bloquear la intención de realizar un acto en una sede militar, reafirmando la separación entre actos legislativos y funciones de defensa.