El centro-norte de Venezuela soportó una doble sacudida sísmica con magnitudes 7,2 y 7,5, que afectaron principalmente a Caracas, La Guaira y alrededores, dejando un saldo trágico de muertos, heridos y desaparecidos, además de numerosos edificios colapsados y calles cubiertas de escombros.

Las autoridades y equipos de rescate permanecen activos, buscando sobrevivientes entre los escombros, mientras la población enfrenta la emergencia y el temor constante de nuevas réplicas. Los daños estructurales obligaron a evacuar numerosos edificios, y en varias zonas aún se aconseja no regresar a las viviendas hasta que se verifique su estabilidad.

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Testimonios de residentes reflejan el impacto emocional y físico del sismo. Una periodista que vive en un octavo piso de Caracas describió que el movimiento fue tan intenso que pensó que el edificio se desplomaría. En cuanto pudo, evacuó junto a vecinos para protegerse de posibles replicas. Otros relataron la dificultad de rescatar mascotas o vehículos de los sótanos por miedo a daños mayores.

Una habitante del sector Palos Grandes narró la angustia de haber vivido el temblor acompañando a su abuelo de más de 90 años en el exterior de la vivienda, mientras anticipaban el posible retorno a un edificio en condiciones inciertas. Otra mujer describió el desasosiego por los numerosos desaparecidos y el dolor de quienes encontraron restos humanos tras el desastre. Según dijo, el episodio fue increíblemente devastador y solo agradecían estar con vida.

En distintos testimonios hay coincidencia en la sensación de desesperanza ante la magnitud de la destrucción. Varias personas indicaron que el sismo fue lo peor que vivieron en sus vidas y que la situación continúa siendo crítica debido a la cantidad de víctimas atrapadas bajo escombros y la incertidumbre sobre sus familiares.

Mientras tanto, las autoridades venezolanas trabajan sin descanso para atender a los heridos y ofrecer asistencia sanitaria a quienes quedaron damnificados. La emergencia dejó en evidencia la fragilidad de la infraestructura y la necesidad urgente de protocolos para afrontar catástrofes naturales en áreas urbanas densamente pobladas como Caracas y sus alrededores.