La desaceleración de la inflación que celebran las autoridades no se traduce en un alivio general para las familias argentinas, advirtió Hernán Letcher en el programa “QR!” de Canal E. El economista explicó que la cifra oficial, que ronda el 2,1% en la Ciudad de Buenos Aires, es solo un promedio que no refleja la experiencia concreta de muchos hogares.
Letcher destacó que la reducción en la inflación de ciertos rubros responde, en gran parte, a una caída significativa del consumo en sectores como turismo, restaurantes, hoteles y transporte aéreo. Estos gastos, que suelen ser los primeros en postergarse en contextos de dificultad económica, moderan la inflación promedio, pero no generan un beneficio real para quienes dejaron de acceder a ellos.
En contraparte, los aumentos de precios en bienes y servicios esenciales superan el promedio oficial. Alimentos, medicamentos, servicios básicos, prepagas y educación son los rubros que más presionan el presupuesto cotidiano. Estas áreas constituyen gastos inevitables para las familias, especialmente en segmentos medios y bajos, y determinan un impacto más severo de la inflación en la vida diaria.
El economista sostuvo que la brecha entre la inflación oficial y la sensación cotidiana responde a la diferente composición del gasto: mientras algunos precios bajan por menor demanda, otros continúan creciendo y afectan directamente la calidad de vida. Por ello, la percepción de empeoramiento se vincula con un menor consumo y mayores sacrificios en necesidades básicas.
La discusión surgió tras un posteo del presidente Javier Milei, quien reivindicó la reducción inflacionaria en la Ciudad de Buenos Aires como un éxito del plan económico vigente. Sin embargo, las críticas señalan que ese dato puede ocultar realidades desiguales y no alcanzar a los sectores más vulnerables.
Este análisis pone en foco la importancia de mirar más allá del IPC promedio para entender el impacto real de la inflación. La caída del consumo en actividades no esenciales mitiga el índice, pero no mejora el poder adquisitivo ni la calidad de vida de quienes enfrentan aumentos en gastos básicos e impostergables.

