La prolongada ola de calor que afecta a Francia provocó una serie de medidas preventivas para mitigar el impacto sobre la salud pública y la infraestructura. Como respuesta al aumento extremo de temperaturas, la empresa pública ferroviaria SNCF canceló varias salidas de trenes entre París y el suroeste del país, así como en las rutas de Burdeos a Marsella, por riesgo de fallos en los sistemas de aire acondicionado.
Esta reducción en la oferta de transporte busca evitar averías en los trenes Corail, cuya climatización se ve sometida a un esfuerzo extraordinario debido a las altas temperaturas. Al mismo tiempo, la policía de Isla de Francia impuso restricciones estrictas al tráfico, limitando la circulación solo a vehículos con distintivos Crit’Air 0, 1 y 2 dentro del perímetro del anillo A86, acompañado de reducciones de velocidad en distintas vías y la prohibición para camiones pesados de más de 3,5 toneladas en la zona afectada.
El sistema climático y ambiental también está en alerta por un importante pico de contaminación por ozono en regiones como Isla de Francia y Ródano-Alpes. Météo-France elevó a 17 el número de departamentos en alerta naranja por el calor extremo, incluyendo la capital y áreas circundantes como Hauts-de-Seine, Seine-Saint-Denis y Val-de-Marne, además de otros departamentos del oeste del país. Simultáneamente, 31 departamentos permanecen en alerta amarilla por posibles tormentas.
En respuesta a la crisis, el gobierno convocó una reunión de ministros en Matignon para diseñar un “plan de resistencia” veraniego, que abordará temas clave como la gestión del agua subterránea, la atención a la población y la prevención ante incendios forestales. Las autoridades buscan así controlar los riesgos derivados de un clima atípico y garantizar la operatividad de servicios básicos durante el episodio de calor.

